domingo, 20 de septiembre de 2015

Doña Sofía y sus 100 años de vida


Alberto López Morales
     JUCHITÁN, Oax.- Doña Sofía nació en 1915, cuando el país se desangraba por las cruentas luchas que protagonizaban los carrancistas, villistas y zapatistas. Desde ese entonces a la fecha, esta mujer zapoteca ha vivido los cambios registrados en el último siglo en México y en el mundo.
     “En las fiestas me preguntan cuántos años tengo y yo les digo que tengo muchos, muchos años”, comenta en zapoteco, doña Sofía Valdivieso López. Ella nació el 18 de septiembre de 1915, conocido como el Año del Hambre durante el periodo de la Revolución Mexicana (1910/1917).
     Por la mañana del domingo 20 de septiembre, previa cita acordada con Israel, uno de sus 29 nietos, visité a doña Sofía. Estaba descansando sentada en una hamaca de hilos blancos y cafés. En el corredor de su vivienda, platicaba con su hija Georgina, de 70 años.
     ― ¿Georgina es la mayor?, ―pregunté dos veces en voz alta porque doña Sofía escucha muy poco “por su edad”, aclararon sus familiares, quienes con orgullo revelaron que la doña no tiene otras dolencias. Eso sí, siempre es atendida por un cardiólogo y un internista, dijo Georgina.
     ―No, la mayor se llama Tomasa. Vive y tiene 84 años, ―responde con fuerza doña Sofía, mientras sus pequeños ojos brillan detrás de los trasparentes espejos de sus lentes. Tomasa, explica su hermana Georgina, nació cuando doña Sofía tenía 16 años de vida.
HISTORIA Y TRABAJO
     Doña Sofía nació en La Ventosa, agencia de esta ciudad juchiteca. Sus padres Mauro Valdivieso y Leonarda López Lucho, fueron de los primeros fundadores de esa comunidad zapoteca que en la actualidad cobija a cientos de aerogeneradores que producen electricidad a través del viento.
     ―Mi mamá tuvo once hijos, cinco hombres y seis mujeres. Además, cuando murió una de sus dos hermanas, ella se encargó de sus hijos. Tres hombres y tres hijos. Mi mamá nos cuenta que vivió una etapa muy d
ura porque enviudó luego.
      Doña Sofía nació en una época difícil para el país. No fue a la escuela. “Apenas conocí dos tres cartillas (para aprender a leer)”, me dice entre una sonrisa que quiere ser pícara. Justo en el año que nació, la literatura mexicana se enriquecía con la novela Los de Abajo, de Mariano Azuela.
     “De niñas, nosotras queríamos saber más de la vida. Queríamos oír las historias de la Revolución Mexicana. Ella a veces accedía, pero de pronto se paraba y con energía nos mandaba a vender las tortillas que hacía para sobrevivir”, recuerda Georgina.
     ― No había tiempo para las historias. El tiempo se aprovechaba en en el horno y para salir a vender tortillas y gueta biingui (pan de maíz horneado y con camarones en su interior), ―añade Georgina mientras que de la cocina se desprende un rico olor del caldo de res para doña Sofía.
     A sus 100 años de edad cumplidos, doña Sofía bebe en las mañanas un champurrado con pan. “Come de todo, guiña doo bendabúa (mole de amarillo con camarones), pescado, tortillas de comiscal y queso fresco”, revela Israel, su nieto quien tiene su casa al lado de las vías del tren.
LA FIESTA DEL CENTENARIO
     Poco después de las cinco de la mañana del viernes 18 de septiembre, los vecinos de la Segunda Sección de esta ciudad zapoteca despertaron con las explosiones de los cohetes que cimbraron el cielo estrellado y rompieron la quietud del amanecer. Era el inicio de la centenaria festividad.
     Doña Sofía y sus hijas perdieron la cuenta de los integrantes de esas cuatro generaciones que ella vio nacer. Saben que ella tiene 29 nietos que ya se casaron, pero nadie sabe cuántos bisnietos son. Los bisnietos también procrearon familia y nadie sabe cuántos tataranietos hay.
     Por la mañana de este domingo, Israel, uno de los 29 nietos, me recibió en su casa. Tenía en la mano tres hojas de una libreta tamaño profesional en donde anotó una larga relación de nombres. “No he podido completar la lista de los bisnietos y tataranietos”, me dijo algo apenado.
     Músico, bajista en un grupo musical, Israel compartió su equipo de sonido a la abuela Sofía el viernes de los 100 años. Vecinos, familiares, amigas se congregaron bajo una gran lona adornada con globos color rosa para desearle lo mejor a doña Sofía.
     Doña Sofía, quien nació justo un día antes del nacimiento de Germán Genaro Cipriano Gómez Valdés (1915/1973), mejor conocido como Tin Tan, el actor, cantante y comediante mexicano, está orgullosa de su vida, de su familia y de lo que logró desde las penurias con la venta de tortillas.
     Con el cuidado de su hija y nieto, doña Sofía Valdivieso López se recuesta en la hamaca. Su delgada y pequeña figura casi se pierde entre los hilos color café y blanco. El sol pega en el patio de tierra, la hamaca se mece bajo la sombra y desde la cocina el caldo de res invita a la comida.

     ― Si mañana despierto viva, es gracias a mis hijas, a mis nietos, a mi familia que ha cumplido conmigo, que me festejaron mis 100 años con una fiesta, pero también en la iglesia para darle gracias a Dios por la vida, ―expresa agradecida.

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